Escuchar la palabra del niño con autismo

 

 

Celia Anglés Latorre

Psicóloga y directora del CDIAT Actur- Zaragoza

Fundación Atención Temprana

Desde el año 2003 que se regula la Orden de Atención Temprana en Aragón, han sido miles los niños atendidos en los CDIATs de las  diferentes entidades concertadas. Contamos con un programa público  del Gobierno de Aragón que atiende a niños de 0 a 6 años. Siendo la puerta de entrada los Centros Base del Instituto Aragonés de Servicios Sociales. Semanalmente por los centros de Fundación Atención Temprana pasan más de 700 niños con trastornos en su desarrollo o riesgo de padecerlos. De ellos, un alto porcentaje, en torno al 20 – 30% presenta rasgos compatibles con el diagnóstico de autismo.
Para nosotros, en Fundación Atención Temprana, la palabra del niño tiene un peso fundamental, y aunque algunos no dispongan de lenguaje, tienen, siempre algo para decirnos. Nuestra posición es por tanto una posición de escucha. Tomamos su individualidad, su singularidad como aquello que les hace únicos, y por tanto el tratamiento es para cada niño, para su particularidad  y para su sufrimiento.
A nuestros recursos acuden niños con importantes dificultades para sostenerse en el mundo; dificultades con el lazo social, con el  lenguaje, con el cuerpo, con los objetos. Sujetos que nos dan cuenta de su sufrimiento, de sus malestares…


Dificultades en la infancia que se detectan cada vez a edades más tempranas, efecto de la buena detección que desde Salud y Educación se está realizando. Esta intervención temprana, permite localizar estos casos de niños con autismo y empezar un trabajo desde la globalidad de su desarrollo.
Los CDIATs son entornos privilegiados, lugares fundamentalmente de acogida, en los que se interviene más allá de las salas de tratamiento. La disponibilidad de todo un equipo de profesionales con formación en clínica de la primera  infancia, permite la intervención con el niño y su familia. Los niños no vienen solos, acuden con sus papás, figuras fundamentales que van a sostenerles en estos y otros recorridos a lo largo de su vida. Es fundamental la escucha de todo el equipo y el poder acoger y sostener, en muchos momentos los malestares que circulan.
El trabajo cuidadoso y no invasivo realizado en el CDIAT por parte de todo un equipo, permite un encuentro cuidadoso con lo humano.

 

Exponemos algunas pinceladas de nuestra práctica, en las que mostramos los primeros encuentros con estos niños y el trabajo que realizan en el CDIAT. Es un primer tiempo, un inicio en la  intervención, que posibilitará otros muchos encuentros.

 

Un objeto no separado
Cuando Mario entra en el CDIAT, notamos su llegada. Puede permanecer tranquilo, aferrado a sus chupetes, hasta que se le invita a entrar en la sala. Su cuidadora, persona que le acompaña, intentará  guardar los chupetes hasta finalizar la sesión. Es ahí cuando aparece un grito y un llanto, del que todos hacemos acuse de recibo. No nos empeñamos en forzar la entrada en sesión, no tiene efecto, solo acrecentaría su angustia.
Mario acude desde hace unos meses al tratamiento, es derivado por su pediatra al Programa de Atención Temprana, ya que con 2 años no emitía ninguna palabra. Encender-apagar, abrir-cerrar, su interés quedaba fijado ahí. Ante cualquier contrariedad, su respuesta es darse golpes, o lanzar lo que lleva en las manos. Las dificultades  se encuentran en la alimentación, en el sueño, en la interacción, en el lenguaje…
Para Mario sus chupetes, ya que tiene varios, son parte de él, objetos importantes, prolongación de sí mismo. No son un  capricho, no son un objeto sin más del que se pueda desprender fácilmente. Por eso el intento de quitárselos por parte de su cuidadora acaba en llanto y en autoagresiones. Mario nos dice que por ahí no. Nuestra propuesta será por tanto, introducir estos objetos y ponerlos a trabajar con Mario. Es la forma en la que él consiente y puede entrar, y puede estar  tranquilo porque el adulto no le va a arrebatar este objeto.
Ante la propuesta de otros materiales disponibles en la sala, poco a  poco Mario podrá dejar los chupetes a un lado, a la vista eso sí,  y ocuparse con otros objetos que le ofrece la psicóloga.

 

Circular para construir una superficie
Jorge acude al CDIAT desde los 2 años y 4 meses. Fue derivado por retraso en el lenguaje y dificultades en la interacción; no hay  mirada, rechaza el contacto físico, hace rodar objetos, rechaza alimentación sólida…
Son algunos de los rasgos que lo nombran en su presentación.

Para comenzar a trabajar con Jorge es preciso permitirle un tiempo de estar en la sala de espera, para poder iniciar por propia iniciativa, su entrada en la sala.  En las primeras sesiones con la psicóloga, la puerta queda abierta y es su decisión de entrar la que permite el trabajo. Jorge se ocupa en recorrer las diferentes salas del CDIAT. No de  forma errática. Es una manera que le permite organizar los diferentes espacios, situar los diferentes materiales y profesionales y que produce diferentes encuentros. Es así como puede construir pequeños recorridos que le permiten ubicarse en relación a los otros.

 

Lo difícil del encuentro con los otros
Álvaro, acude derivado por el colegio por dificultades en la relación con los otros y por un lenguaje escaso. “Va a su bola” – dirán de él.
Tiene 3 años y medio cuando inicia tratamiento. Se ocupa en abrir-cerrar, encender-apagar, puede quedarse mirando la lavadora durante horas (se conoce todos los programas de lavado y su duración), le gustan las farolas, los enchufes, los aspersores…
Aparecen miedos muy intensos, a los extractores, los baños, a los ruidos que no localiza…
Será con la entrada en el colegio, que la conducta de Álvaro cambiará de forma significativa. Estando mucho mejor, más tranquilo, en época de vacaciones. Es este encuentro con los otros lo que para él es complicando, amenazante. Iniciaremos tratamiento y en estas primeras sesiones pondrá de manifiesto su dificultad:”no hables” – me dirá – “no me mires”.  Escucho y tomo en serio sus palabras, su malestar. Para él, el mundo es amenazante, intrusivo. Me separo físicamente de él y desvío mi mirada, me borro en decires. Esta docilidad por mi parte, permitirá un encuentro cuidadoso, no  invasivo con él y le permitirá bajar las defensas autísticas para establecer un lazo conmigo que se podrá trasladar, no sin dificultades, a otros espacios.

 

 

Apostamos, en nuestras intervenciones con la infancia, por escuchar y tomar en serio este sufrimiento, que se manifiesta en lo particular de sus conductas, en su decir, en su relación con el cuerpo y con la relación con los otros.

“Acompañamos al sujeto hacia la pacificación y la construcción  de un mundo menos angustiante”
Matín Egge “El tratamiento del niño autista”